miércoles, 4 de agosto de 2010

Experiencias clínicas II

Una vez que los medicamentos empezaron a surtir efecto, el dolor empezó a ceder así como las náuseas, y fue entonces que pude ocuparme de mis otras necesidades fisológicas. El frío que se sentía en la Sala de Emergencia era insoportable. Todo mi cuerpo temblaba y se contraía con el intento de calentarme, pero todo en vano. Por alguna razón, no había una cobija en ese lugar para mi, y ellos pretendían que me contentara con un campo médico de esos azules, por el cual les menté la madre y les repetí que quería una cobija.

Gracias a Dios que mi hermana decidió llevar una toalla en caso de que la necesitaramos durante el trayecto hacia la clínica y eso me sirvió de cobija improvisada hasta que como media hora después alguien se dignó a facilitarme una de las cobijas del área de Hospitalización.

Pronto me volví más consciente de lo que ocurría a mi alrededor. Mi familia me rodeaba con sus caras llenas de angustia y ya los enfermeros se habían rendido de explicarles que estaba permitida la compañía de una sola persona y no de tres. Mi papá hacía un esfuerzo por calentarme los pies, y mi mamá le daba instrucciones a mi hermana de las cosas que necesitaría para pasar la noche conmigo.

De cuando en cuando regresaba ese dolor terrible y cuando me levanté para ir al baño, no pude dejar de notar el tinte rojo que dejé en el excusado, con la subsiguiente pregunta absurda -Papi, eso está rojo, ¿está bien?-.

Me sacaron la sangre, me pusieron un viaje de antibióticos después de que se enteraron de que tenía los glóbulos blancos a mil, informándome que tenía una infección en el estómago, y me dejaron así, esperando que durmiera.

La persona que se encontraba en el cubículo de al lado, estaba luchando contra un dengue hemorrágico, un chino de esos que no entienden nada de español. El doctor, quien después resultó ser el anterior decano de la Facultad de Medicina de la UCV, no hallaba como hacerle entender al chino que el dengue le estaba causando una falla hepática y que no podía beber alcohol ni ingerir comida grasosa. En su desesperación, empezó a pegar unos gritos insoportables, acabando con mis fallidos intentos de dormir.

Entre tanto, mi mamá se había acostado en uno de los cubículos desocupados,y una vez que el doctor dejó de gritar y los chinos dejaron de gritar también, poco a poco me fui relajando y me sumí en un sueño intranquilo. Tenía muchísima sed y nadie quería darme ni un poquito de agua, por miedo a que mi intolerante estómago ni siquiera pudiese aguantar un poquitico de líquido. Mis labios estaban secos y los dientes se me pegaban a las encías. Nunca había pasado tanto tiempo sin tomar agua. Resultaron ser más de 12 horas...

Durante esa noche, intenté despertar a los enfermeros siempre que necesitaba ir al baño, y fue mi mamá la que acudió al rescate. Estaba a 4 cubículos del mío, y sin embargo, a eso de las 3 de la mañana, escuchó mi voz, y se encargó de despertar a Rodrigo (el enfermero) para que me desenchufara del suero y del antibiótico y me acompañó al baño.
Sinceramente las mamás son seres del otro mundo. Después de eso no se quiso volver a su cubículo y decidió pasar la noche "acostada" en una silla, y me acompañaba al baño cada vez. Conversó conmigo, nos reímos del chino y estábamos a la expectativa de que llegara el médico y "nos" diera de alta esa mañana para poder ir a casa.

El doctor de guardia no volvió a aparecer más nunca, ya que mi infección requería asistencia especializada y esperábamos por el gastroenterólogo, que vendría tempranito a las 10. Antes de eso, exigí un trago de agua, y me lo dieron, ¡fue maravilloso!, el agua sabía horrible, y no me importó, ¡era agua!.

Antes de que llegara el Dr. Medina, me llevaron a hacer un ecosonograma abdominal, donde me tuvieron esperando sentada en una silla de ruedas como por 15 minutos en una esquina, en la cual me sentí como una especie de estorbo, y donde después el doctor del eco, me lleno toda la panza de ese lubricante asqueroso y no le importó mancharme la franela y el short y la ropa interior de aquel gel frío y horrendo. La consideración de este hombre para con el bienestar del paciente era absolutamente nula, pensaba mientras me pasaba el aparato por el estómago y me daba órdenes -Respira profundo, aguanta la respiración, exhala-. No preguntó mi nombre ni qué tenía ni por qué estaba allí. Imbécil.

Me regresaron a mi currículum, donde ya estaba el Dr. Medina con su cara bonachona y su barba blanca, y de inmediato me sentí mejor. Me palpó el estómago, se alegró de que todo estuviese blandito, y nos dio la mala noticia. Íbamos a hospitalizarme, pues la infección seguía siendo muy severa y me quería tener en observación...

lunes, 2 de agosto de 2010

Experiencias clínicas I

Confieso que este escrito está inspirado en aquél relatado por Extranjera en su blog, pero con mi propia experiencia.

Había tenido un buen día. Pasé la mañana con mi novio, desayunamos divino en casa de su tía. Arepas, perico, caraotas, queso de año. Venezuela. Venezuela...

A eso de las 3 empecé a sentirme mal mientras íbamos camino a casa y al mismo tiempo, mi mente iba preparando una ensalada thai para mi novio. Ya había decidido que no iba a comer, las náuseas eran demasiado fuertes. Así que llegamos, cociné, lo vi comer, lo llevé de regreso a su casa, y cuando volví estaba mi papá con mi hermana así que me aguanté un poquito más. No quería que se preocupara, no quería que me diese Primperam.

Y es que cuando me siento así, como si tuviese un montón de cosas podridas dentro, prefiero expulsar aquella inmundicia de mi cuerpo, dejarla ir, sacarla de mi cuerpo. Urgente.

Pero no pude hacerlo, me esperé a que él se fuera. A eso de las 6, no aguanté más, me fui en una de las sensaciones corporales más desagradables en el mundo. Las contracciones de mi estómago para botar lo que me empeñé en guardar por tanto tiempo eran tan violentas que no me podía sentar, y mis brazos se convirtieron en mi apoyo. A todas estas no quería ayuda, sentía una verguenza tremenda porque pensé que aquello era secuela de una rasca terrible que pasé con mis amigas en Higuerote.

Después lo pensé mejor. Mi cuerpo puede metabolizar el alcohol en más de dos días. Eso no era. Así que al final me dejé ayudar. Mi mamá se fue a la farmacia, y yo seguí vomitando mientras mi hermana intentaba ver una película.

Y de repente algo que no me esperaba ocurrió. El dolor era inaguantable. Intenté no gritar, porque Cori estaba cansada, y se había puesto la pijama y todo. Pero no pude, era superior a mi. Sentía como si me estuviesen torciendo el estómago de una manera absurda y feroz. Grité.

Mucho.

La recuerdo a ella vistiéndose y haciendo un bulto de emergencia, llamando a mamá, a papá y al mismo tiempo estaba allí apoyándome y abarazándome y diciéndome que ya me iban a llevar a la clínica y que todo iría bien. Me vistió a mi también. Y nos fuimos.

Volví a vomitar en el carro. Mi hermana tan precavida se llevó un potecito.

Cuando llegué a la clínica. Aún torciéndome del dolor, logré decirle "buenas noches" al que se tropezara conmigo hasta que llegué al cubículo 1, donde volví a gritar y creo que volví a vomitar.

Sólo recuerdo las paredes verdes de ese que da asco y un frío intenso. Recuerdo la cortina del mismo verde, y la enfermera pinchándome la mano mientras yo me torcía sobre la camilla y aullaba otra vez...

viernes, 16 de julio de 2010

Once in a blue moon...

It was finally there, I couldn't be happier.

The world to my feet, he left it there for me to take it. His world to my feet.

And I wanted it so badly, I wanted him since the first time I saw him. His dark hair, straight, brilliant. The unconscious gracefulness, the flawless and delicate features. The calm voice, the spectacular attitude.

He was everything I've dreamed off, and so he became.

It was hard for me at first. It felt so uneven, so unlogical for him to love me. But there he was, with the accidental -yet perfect- yellow roses bouquet, introducing me to his guitars, carrying me wrapped to his body all around his home, showing to me all of his memories.

And I loved him back as intensely as he did, maybe even more. I was absolutely and indefectibly in love with his brown eyes and his scented skin that it almost hurt. And I gave him everything I was, and let him shape my untouched and untarnished heart at his will, with no objections whatsoever.

I surrendered to him. Because every touch and every smile was worth it, no matter the consequences, no matter the suffering I already knew I was about to endure.

The pain we were both to endure, in diferent timings perhaps, but the same suffering at last.

And he warned from the very beginning, he advised me to fear him, to be afraid of May.

So May came, and I finally discovered that I had to give up, he forced me to do it. He once swore that he would always be there. That he wouldn't give up on me, but he did. He gave up when I needed him the most. When I needed him more that I ever had, only because I was about to loose him, to endure an existence that I was afraid to discover.

I uncovered it. He taught me how to love intensely, and how to grieve even more intensely.

Because once he was gone, "it was like a huge hole had been punched through my chest" and my pain was the only reminder that he was real. That he did love me, despite of everything.

Nothing I could possibly do could ease the pain, could take it away. I passed almost a year limited to exist, perfecting the charade that I still had some humanity left.

Three years later and it wasn't possible for me to stop thinking about him daily. I decided to forget. I decided to forgive.

Forgiveness finally healed the huge hole.

Thankfully, I started loving him again.

miércoles, 7 de julio de 2010

Instrucciones para viajar en autobús

Viajar interestatal en un bus de esos ejecutivos, no debería ser una proeza. Sencillo: se dirige a la estación, compra su boleto, está 45 minutos antes de la hora de salida, se sube, duerme y llega a su destino. Simple.

Ojalá y fuese tan sencillo.

Previo al viaje: lea las condiciones del contrato detrás del boleto. Uno de los porteros se puede poner necio y no dejarle subir como equipaje de mano un bolso que necesite, y que en efecto pueda subir al autobus. Pero usted, acostumbrado al dependiente irracional, se volvió irracional también y dejó el bolso en la cabina de equipaje y se montó en el bus, por no discutir. Grave error. Así que importante. Lea las condiciones del contrato.


La ropa de viaje: debe irse abrigado. No crea que por que sale de Caracas y va a llegar a Puerto Ordaz, o algún otro destino caluroso de este agraciado país, usted se puede ir ligero de ropa. Al contrario, usted debe hacer de cuenta como que va a llegar a la ciudad de Montreal en pleno invierno. Seguidamente le detallo: en la parte superior de su cuerpo, debe llevar una camisa cuello tortuga, un sweater ligero, y por encima un sweater de esos que uno obtiene por graduarse de la universidad, o en su defecto, de esos que se consiguen en las tiendas gringas tipo GAP o Abercrombie. Es importante que este sweater cuente con capucha y bolsillos de esos para meter las manos.
En las piernas, un jean NO es suficiente. Usted debe usar por debajo del bluejean de esas lycras que ahora llaman leggins. Créame, no exagero. El frío que hace en el autobús es una verdadera mentada de madre.
Ahora, en los pies, un solo par de medias, como se podrá imaginar es como si no tuviese medias, así que le recomiendo llevar un par de más. Y si tiene de esas medias de lana que eran de su abuela, se las recomiendo también. Si es alérgico a la lana como quien escribe, pues está jodido. El algodón es una tela que por naturaleza tiende a enfriar y no a calentar. Así que usted estará destinado a pasar 9 horas de viaje con los pies fríos. No se haga esperanzas. Serán 9 horas de pies helados.

El equipaje de mano: además de su billetera, estuche de maquillaje, papel de baño y esas cosas necesarias, debe llevar adicionalmente una cobija, para usted y para su acompañante .Este asunto de la cobija es de capital importancia. Hay personas que se las arreglan para llevar un edredón y si usted logra hacerlo caber en un bolso de mano, hágalo. No lo dude por un instante.

Además, debe tomar en cuenta que los autobuses pueden no estar en sus mejores condiciones y puede ocurrir que los ductos del aire acondicionado no cuenten con ventilas. Es decir, sea solo un hueco de donde sale un montón de aire frío, así que usted debe ingeniárselas para tapar este hueco, porque sino su estancia en el autobus será más penosa aún, ya que además, en este ducto de aire acondicionado, algún "ciudadano" se las arregló para introducir un papel con un chicle dentro. Así que usted debe retirar esto con sumo cuidado de modo que sus dedos no toquen el asqueroso chicle, y poner en el gigantesco hueco, algo que obstruya el paso del aire.

Una vez hecho esto, no se haga muchas esperanzas ya que por las cornetas de donde se supone que sale el sonido, no sale sonido sino más aire helado, así que, nuevamente, usted está jodido. Aún cuando removió el chicle, tapó los huecos con papel toilette y se acomodó debajo de toda su ropa, cobija y novio, igual va a sufrir un frío intenso, ya que las rejillitas esas de mierda por donde se supone que sale el sonido, son imposibles de tapar.

Durante el viaje: intente acomodarse lo mejor posible mientras el autobus no ha salido hacia su destino. Si usted mide menos de 1.60 m, usted va a necesitar algo en donde apoyar sus pies, de modo que no quede un hueco gigante entre su espalda y el asiento y pueda sentirse relativamente cómodo en el asiento-cama.
Ahora bien, no intente ver la película, porque pueden ocurrir dos cosas: la película pueden ser las últimas aveturas de Jackie Chan, o si se deciden en poner una agradable comedia gringa, ésta se va a dañar en la mitad, y nadie la va a arreglar ni pedir disculpas por la molestia.
Por otro lado, ni se moleste en intentar dirigirse al conductor asistente para que arregle el inconveniente. Si le toca la puerta, es como si el no estuviese allí para servirle. NO existe. NO hay forma de comunicarse con ellos. Ni lo intente. Si tiene una emergencia, confíe en la divina Providencia, porque en los seres humanos, ni de vaina.

Al llegar: sea agradecido con Dios por los agradables 30° C que hay fuera del autobus. Usted sentirá una sensación maravillosa una vez que vuelva a sentir sus pies y pueda empezar a desnudarse cual cebolla.
Fíjese que la marca del autobus es Buscar y no Frigidaire, y que las últimas nueve horas las pasó dentro de un vehículo y no dentro de un refrigerador.

En fin, en Aeroexpresos Ejecutivos no tienen ni la más mínima idea de lo que significa prestar un servicio, y tampoco saben que los pasajeros somos personas y no ganado, pero ni modo, a falta de competencia, y como dice mi abuela "estos son los bueyes que hay, y con ellos hay que arar".

viernes, 2 de julio de 2010

Julio 2010

Han sido tan fáciles de vivir para mi, que no me he dado cuenta de que han pasado.

Con fáciles, no me refiero a que no los haya vivido intensamente, porque en esta mitad de año, he crecido un mundo, de la mano caliente de aquel que me ha acompañado durante este tiempo. Por que con él y no precisamente por él, he empezado a conocerme y a no perderme más. A definir al menos que no quiero, y cómo hacer para no volver a permitir sumergirme en esas cosas que no quiero.

He aprendido a ser feliz en mi individualidad y también a ser feliz en compañía de otro. Y sigo aprendiendo.

Conocí el Sur de mi país. Puerto Ordaz. No-verde, como suele ser. La Llovizna, el Cachamay, con unos cuantos bastantes metros menos de agua. Al lado del generador principal de energía de este país, racionaban la electricidad 2 días a la semana por 4 horas. Vergüenza.
Pero ni eso me hacía triste, porque yo estaba con él, y él podía dormir hasta las 9 si yo estaba a su lado, y vimos como se unen los ríos. Y conocí a su hermanito y lo quise desde el primer día. Y jugué en el penetrable y me tomó fotos. Y logró que me pusiera cómoda en el autobus.

En esta mitad de año terminé el tercer año de mi carrera. No sin algunas dudas sobre lo que va a ocurrir después, sobre qué va a pasar cuando ya no tenga más años para estudiar en Caracas, y en dónde voy a trabajar. Porque en esta mitad de año también renuncié a mi trabajo como consecuencia de ese aprendizaje de entender cuáles son las cosas que no quiero. Y definitivamente, este trabajo no lo quería. Yo quiero ayudar a la gente. Y eso pretendo hacer.

Durante este periodo, también aprendí a manejar. Maravillosa sensación la de estar esperando a que el semáforo cambie con la avenida libre ante ti. Verde. Primera. Segunda. El motor se queja. Tercera. Y la emoción se acaba. Rojo. Neutro. Freno. Y luego otra vez... He encontrado en la Francisco de Miranda a las 9 de la noche un enorme placer. Amo manejar aquí. Lady Gaga de fondo. Ilan Chester esperándome en casa. Todo un lujo.

Y ya no peleé más en esta mitad de año. En la que logramos lo que individualmente nos propusimos. Paz.

Saludos, que por la otra voy.


domingo, 27 de junio de 2010

"Foolish games"

"You're always the mysterious one
with dark eyes and careless hair,
You're fashionably sensitive,
but too cool to care.

These foolish games are tearing me apart
and your thoughtless words are breaking my heart,
You are breaking my heart.

Well excuse me,
'cause I'm mistaken you for somebody else,
somebody who give a damn,
somebody more like myself...

Breaking my heart"

Jewel

Keep on moving...

And you just stay there. Thinking about what just happened. And the revolving world stops for you just for that second, just to show you that, no matter what, you just can't stay there. You have to keep walking. To become a part of that unstoppable world once again.

Just remember that you do belong to something or someone. Being that someone always yourself.

Just, please...

"Keep walking", never stop.